Sé por sus ojos que conoce las respuestas.
En qué fuente nace el rayo de luna que baila sobre la almohada,
a qué huele un sueño antes de la intemperie,
hacia dónde van pasos que suenan por calles oscuras,
el dolor de un niño sin cuna
o cómo ríe la ingravidez sedosa que acompaña a un cuerpo
cuando se baña en lagos imaginados.
Si no puedo levantarme,
le pregunto qué se hace para elevar la carne del suelo,
me clava sus pupilas largas en lo profundo del tedio
y ya vuelo por encima de mi mariposa.
Se mueve como si no hubiera planeado
un salto hacia mi regazo
cuando la mente se pierde en la lejanía,
acaricia con su lomo mi silueta
para encender la hoguera de los sutiles demonios
y ya nada tiene más sentido que los míos sobre sus caricias.
Es la esfinge que todo lo puede, un desafío impenitente
paseando por mi casa, y al hacerlo deja abiertas sus costuras
para permitir el paso a la estrategia de los días.
