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Allen Ginsberg, tras leer las críticas oficiales a su poema Aullido:
"La poesía ha sido atacada por un aterrorizado hatajo de ignorantes y pelmazos que no comprenden cómo se hace, y el problema con estos cretinos es que tampoco la reconocerían si se les apareciera en mitad de la calle y se los follara a plena luz del día."

domingo, 13 de agosto de 2017

El encuentro


Su voz es de terciopelo, oscura;

parecida a la cabeza de un cigarrillo alumbrando

lo que nunca ha de saberse.

Las manos a lo Steve Winwood, tiene clase.

Y una cicatriz en el labio.


En otro tiempo, le cambié sus mentiras por las mías

sin vacilar ni un instante,

me gusta el gesto de su frente,

señala prohibido el paso;

las botas gastadas, la mirada de garza libre de su suerte,

el giro elíptico del cuello,

cuando no quiere entrar en batallas

que ganaría.


Se mueve 

algo que nos unió por las venas

en otra vida de neones reflejados en asfalto,

pero no hay ganas de revisar deudas,

más nuestras que el interior de los huesos.


Pago la copa y me alejo

de lo tanto conocido.











miércoles, 9 de agosto de 2017

Antes de saber


No es un verano comprometido,

las nubes forman parte de este pequeño tiempo

lejano de lo que tiene muy cerca,

microespacio fuera de la ley temperatura,

sitio que niega el obligado cumplimiento

por ser cómodo y tierno logos 

en amables cuencas con un amarillo

que ofrece inteligencia

a la altura del enjambre de cristal de hielo.

Cada día amanece como abrir los ojos

por primera vez en el paraíso,

antes de saber que estábamos desnudos.














martes, 1 de agosto de 2017

Aparato eléctrico violeta


Todo el mundo opina que no merecen otra cosa. Han construido, 

con dedicación antimecánica, una educación del sentimiento sin permiso 

que les llena el tramo que existe entre el corazón y la garganta de estrellas alboroto árbol de aire, 

por eso merecen 

desertar de las batallas que tengan otro fin que la solución del contratiempo, 

por menos no se ensucian las manos. Todo el mundo piensa 

que en sus actos está su castigo, que nadie debe atreverse a observar a Dios de frente 

y guiñarle un ojo y después aconsejarle que no contravenga

las leyes vestidas de aparato eléctrico violeta. 

Todo el mundo los mira con lástima, siempre están en el exilio, 

cumpliendo el destino que ellos mismos fabrican. 

Pero también siente todo el mundo, al verlos, el peso 

de las sombras atadas al tobillo de todo el mundo, y la contracción espontánea, 

sospechada pero escrita en extranjero para disimular su cadena, 

consigue calentar el acero de su odio, y entonces escapan, nada les merece esa pena. 

A veces, miran despacio cómo pasa el río por Ofelia, 

para después mojar sus pies en el agua nunca la misma, dejando huellas 

que una tormenta besará hasta dejarlas como si nunca hubiesen sido. 

No entienden cómo no se llenan las noches de gente, 

para dar gracias al olvido y recordar hasta el más mínimo detalle de cuando 

eran sólo peces dentro de una bolsa con comida, 

aunque tampoco es el caso de ofrecer especial interés al hecho, 

para ellos está claro que iremos solos 

hacia la soledad más extraña, 

como si todo el mundo nunca hubiese estado.