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Allen Ginsberg, tras leer las críticas oficiales a su poema Aullido:
"La poesía ha sido atacada por un aterrorizado hatajo de ignorantes y pelmazos que no comprenden cómo se hace, y el problema con estos cretinos es que tampoco la reconocerían si se les apareciera en mitad de la calle y se los follara a plena luz del día."

domingo, 10 de junio de 2012

Paseo naranja

Chuc Sperry, Orange sunshine


Al filo de la mañana se quedaba mirando el recorrido.

Sobraban los momentos vestidos de negro,

se asomaban los puntos que cosían las heridas,

pero la mirada seguía sin manchas de óxido entre sus tuercas.


Cuando se sentaba frente al cielo para observar las señales,

abría los poros como bocas sedientas de eternidad,

y entonces la turquesa era un jade con ojos dorados,

simpatía por la solidez del iconoclasta.


Esas pupilas vivían para el aura de todas las cosas,

para el núcleo de los colores tatuados en los dedos,

para que el aroma del síntoma de corazones latiendo

parezca un paseo entre naranjos florecidos.







4 comentarios:

Agnes dijo...

Que belleza amiga, me imaginé a una persona renaciendo después de un período de mucho pesar, o un alma intentando alojarse en un cuerpo para nacer. Una preciosidad. Besos y espero que tengas un lindo día.

Arkha dijo...

Una luna de hespérides de la música visual de tu jardín traes para nosotros infimos hércules en agonía o menos que nada. Sí, esa mujer sacando agua del pozo, brindándola en una calabaza al que agoniza. No exagero y doy gracias al cielo poder beber de tus pozos subterráneos queridísima Susi. Sabes que por todo lloro y más cuando te siento. Besos secos que estoy así. Pero aquí tengo un oasis. Gracias.

susi underground dijo...

Teniendo en cuenta la forma, Agnes, me dejo llevar en muchas ocasiones por una especie de automatismo, aunque no sea en un sentido literal.
Y es después cuando veo qué quise decir. En este caso coincido contigo, me pareció un renacimiento consciente, un esperar cuál es la mejor mente para ello.
Abrazos.

susi underground dijo...

A las conciencias que se limpian siempre les abro las puertas, mi casa es tuya, Saúl.
Yo también soy muy llorona, como juntemos lágrimas, flotamos en ellas, ya lo verás.
Me alegra mucho haberte reencontrado tan sincero. Un abrazo, pero no seco.